Thursday, March 03, 2005

Ante todo hay que ser práctica (y tú que lo digas)

Una conversación entre mi madre y La Retorno en la salita de la UCI (se supone que está prohibido fumar en los hospitales; será opio, porque el resto –tabaco, marihuana, hachís, laurel– se fuma, y mucho, con total impunidad).

–Odio a las maricas malas –La Retorno acompaña esta declaración de principios de una larga, profunda bocanada de humo y un golpe de melenón asesino.

–¿Y eso qué significa?

–Que odio a las maricas.

–Pero tú… eres marica, ¿no?

–Perdone –ha replicado La Retorno, convertida en piedra–, travestí si no le importa, querida.

Mamá ha suspirado (no fuma, pero le huele el aliento como si lo hiciera: negro, dos cajetillas diarias) y, alargando un brazo hacia la persiana laminada, ha dicho con tono resignado:

–Hija mía, yo hace tiempo que no odio a nadie. No me compensa, ¿sabes? Y es fatal para el cutis. Y para la celu. Y yo, una mala piel la puedo disculpar, pero unas cartucheras… Jamás.

En ese momento, ha entrado el médico con expresión preocupada.

–¿Es usted la madre?

–Sí, ¿pero a que parezco su hermana pequeña?

–Señora, no frivolice. Su hija se debate entre la vida o la muerte.

–Pues conociéndola, seguro que escoge la muerte sólo para fastidiarme. El negro no es mi color, ¿sabe?

–El cárdeno tampoco, se lo aseguro –ha apostillado La Retorno, con muy mala baba (creo que lo de marica le ha llegado a los nitos).

–Pero… ¿vivirá?

–Qué quiere que le diga, señora. Lo que sí le puedo garantizar es que está hecha una pena.

–¿Y no hay manera de arreglarla siquiera un poquito? Es que una hija deforme hace muy mal efecto en casa. Y que la piel corrugada no va para nada con la decoración. Es que yo soy muy, pero que fan del estilo imperio.

–Mujer, siempre podemos operarla…

–Yo, si lo cubre el seguro, adelante. Pero si es de pago la respuesta es no. Y conste que no soy una madre desnaturalizada. Para nada. Si hay aquí una madre coraje ésa soy yo. Pero vamos a pensar con un poquito de lógica, que es lo que siempre recomienda el doctor Albert Ellis: mi hija tiene toda la vida por delante y yo, en cambio, estoy a las puertas del climaterio. Vamos, yo creo que a mí me urge muchísimo más una liposucción que a ella la cirugía plástica.

–No se preocupe, señora, que esto es gratis…

–Ah, en ese caso, como si le pone pito.

–¡Señora!

–Es que mi hija ha sido siempre un poco chotuna. En fin, no se preocupe, que tiene muy buen conformar.

–Necesitaré una foto

–Pues no sé si llevo alguna encima. Es que odio que me hagan fotos…

–No, señora, de su hija.

–Ah, por eso no se preocupe. Mi hija era más fea que Picio, por eso iba siempre como iba, hecha un zorrón verbenero. Mejor le traigo la foto de una modelo. O mejor, de una presentadora de televisión. Esa tan mona de Telecinco… Y digo yo una cosa, ¿ya que la van a operar no podían ponerle más tetas? No ponga esa cara, hombre. Ante todo hay que ser práctica.

2 Comments:

Blogger Manuel said...

Vaya que tienen buenos servicios de salud en España.
Nada como un atentado terrorista para ahorrarse el largo trámite de un extreme make-over.

March 3, 2005 at 8:11 AM  
Blogger Madame X. said...

De atentado terrorista nada, querido. Un incencio provocado como la copa de un pino. Y no miente la soga en casa del ahorcado, que cada vez que Gorka oye esa palabra (atentado, no soga) se pone cianótico pérdido.

March 3, 2005 at 8:25 AM  

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