Monday, December 20, 2004

La familia y uno más

Mi hermana está Desoladita Martínez-Bordiú. Gorka perdió un par de dedos, entre ellos el Dedo del Placer, y ella ha perdido la regla. Amenorreica perdida, ha salido del baño dando alaridos con un predictor en la mano cual complemento-contemporáneo-indispensable-para-toda-mujer. Mi madre se ha mesado los cabellos y no se ha tirado un cenicero encima de puro milagro. Mal hecho, madre querida, pocas ocasiones encontrarás más ad hoc de interpretar un papelón semejante, a medio camino entre Herodías y una Magdalena penitente de Murillo en cuero vivo.

Mi hermano, por su parte, ha salido de su cripta –con el parche levemente escorado a la derecha–, con una mirada de inenarrable perversidad de su único ojo bueno y un aliento mefítico capaz de rizarle las pestañas a mi propio padre, adalid de la pestaña y el párpado caídos à la Diaghilev. Ha abierto la boca y un hedor irrespirable, como el que debía exhalar la cruz sobre el Gólgota, se ha expandido por el pasillo como el aliento de Belcebú (con resaca).

–¡¿Se puede saber qué coño está pasando?! ¿Es que en esta puta casa no se va a respetar el reposo de un convaleciente?

–Tu hermana, hijo mío, que está embarazada.

–¿Otra vez?

A lo que mi hermana, Galvanizadita viva, ha replicado:

–Tú calla, hijo de perra.

–No, bonita. Cállate tú y déjame dormir, cacho puta.

De ahí a enzarzarse en una discusión como dos bestias en celo ha sido todo uno. Un remolino de manos, pelos y bisutería –mi hermana es súper adoratriz del becerro de oro en todas y cada una de sus manifestaciones, no siempre auténticas–, como el Transparente de la catedral de Toledo, se ha desplegado ante mis ojos nada atónitos, ya que mi convivencia con la violencia y la ordinariez me han hecho prácticamente impermeable a este tipo de escenas dantescas. Cuando un mechón de pelo (o una uña; algo en cualquier caso translúcido) ha pasado rozándome la frente, he cogido a mi madre de la mano y le he dicho:

–Mamá, déjala que aborte. Imagínate… podría salir alguien como ellos. O peor aún, como yo.

–Ay, hijo mío. Yo no puedo reciclarme más.

–Lo sé, mater amantísima. Pero si vuelves a soltarme el rollo de que las mujeres de tu generación se han reinventado más que Madonna, te juro que me pondré a GRITAR.

–Pero si ya estás gritando…¿Tú crees que podré hacer como que no me he enterado de nada? A lo mejor, con eso de que tengo un problema de memoria, que es que, hijo mío, no sabes lo malo que es el Alzheimer…

–…Y el Marie Brizar.

–¿Qué estás insinuando?

–¿Yo? Nada. Pero ten en cuenta que te va a pedir el dinero para lo suyo…

–Ah, no, en esta casa no se gasta un duro en Sanidad hasta que no arreglemos lo de mi liposucción. Hasta ahí podíamos llegar, hombre. ¡Nenaaaaaa, ve pensando un nombre para el bastardo! Además, con la ilusión que a mí me hace ser abuela…

3 Comments:

Blogger Lo que queda de Mel. said...

:) Maestro.

December 21, 2004 at 1:27 AM  
Blogger Baby Killer said...

Gracias, querido. Es usted muy gentil. ¿También errabundo?

December 21, 2004 at 5:13 AM  
Blogger Lo que queda de Mel. said...

De pura cepa. Y no es gentileza, es pura crítica, me quito el cráneo, querido.

December 21, 2004 at 3:29 PM  

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