Monday, September 27, 2004

Con la mosca detrás de la oreja

–¡Qué horror! Esta ciudad es el Bronx…

Mi madre está verdaderamente horrorizada con la noticia del día (lo del tronco). Creo que tiene incluso pesadillas. No me extraña. La verdad es que todo es un poco desagradable.

La policía ha encontrado el cuerpo de una mujer… O lo que queda de él. Un tronco sin cabeza, sin piernas y sin brazos, tirado en un contenedor de basura. Dos calles más allá, aparecieron las piernas (sin pies) y en un solar, uno de los brazos (sin mano). El otro brazo aún no ha aparecido. De la cabeza no se sabe nada.

Mi madre está un poco preocupada, porque el tronco apareció en el contenedor de un restaurante chino, y ella está obsesionada con que la comida china se compone básicamente de glutamato (85%), carne humana (12%) y excrementos (3%).

–Estoy convencida de que tu hermana, con esa obsesión que tiene por el rollito de primavera, un día de estos saca la catana y nos rebana el pescuezo.

–Mamá, la catana es japonesa y si hay algo que aborrezca tu hija, además de la pobreza y la falda larga, es el sushi.

–Pues no sabes el peso que me quitas de encima. Es que a mí, lo de este crimen me tiene de lo más alterada.

–Ya será menos.

–No, no, te lo aseguro –ha hecho una pausa muy dramática antes añadir en un bisbiseo de lo más sibilante–. Además, hay algo… Algo… No sé. Algo… que… me… da… muy mala espina.

–¿Sí? ¿Qué?

–¿Has visto las fotos?

–Pues claro, mamá. Ya sabes que yo, como todo niño, soy muy morboso.

–¿Y no te suena nada?

–Pues no. Nada –he respondido, en tono glacial.

Mi madre ha agitado el periódico ante mi vista y, achinando los ojos como dos guillotinas, ha escupido:

–¿De verdad no te suena nada?

–Pensándolo bien, sí. Hay algo que me resulta muy familiar…

(Continuará).

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